Ileana Piszk Kalina

 

Volé hacia otros trenes… Estoy sentada en la biblioteca de mi abuelo. Duermo en ese cuarto improvisado mientras mis papás ajustan plata para comprar casa propia. Los cajones están llenos de fotos guardadas por él.  Veo los trenes cargados de prisioneros judíos, gitanos y negros.  Descubro los documentos en sepia, raídos, escondidos en gavetas, evidencias de muertos vivos en barracas, sepulcros masivos repletos de cadáveres, huesos, jabón, zapatos apilados…

… Me imaginé a mi abuelo en el asiento del tren mirando por la ventana, sintiendo el movimiento constante de las ruedas sobre los rieles, con la mirada absorta en cualquier punto del paisaje y su mente puesta en las noticias que recibía de Europa, de lo que se decía, de lo que se escondía. Su familia entera metida en otro tren más lúgubre, en un vagón cerrado, como ganado hacia el matadero, sin ventanas y sin aire. Y es que mi abuelo sabía para dónde los llevaban. Por gracia o por desgracia él estaba enterado de lo que sucedía en aquellas tierras por un amigo que logró escapar de milagro, quien le hizo saber de Auschwitz, de Treblinka y de otros campos; él fue quien le dio las fotos de las barracas repletas de hombres raquíticos de ojos saltones y de las sepulturas comunes.


 

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