Beatriz Helena Rodríguez Silva

 

 

Miraba a través del cristal y le pareció ver un avión. Pero era imposible, en ese lugar tan remoto no se podían ver aviones. Estaba sola.  El frío entraba por cada una de las rendijas. Se puso de pie y quiso salir de la habitación pero pensó que afuera estaría aún más frío. Se quedó y miró esas cuatro paredes… tan altas… las puertas verdes de tantos años. Siglos. Las camas tan pequeñas. Nunca entendió eso. ¿Acaso la gente de antes era más bajita? o como le había contado su tía: que en esa época se dormía sentado para evitar el reflujo. En fin.

Miró los colores de los cubrelechos, cada retazo pertenecía a una época diferente. Observó cada objeto de la habitación: cosas antiguas, viejas, modernas; cosas rotas, heredadas, olvidadas, con polvo, amarillas… Era un conjunto extraño de elementos, pero que para ella significaban todo. Y es que al poner un pie en esa casa, la incertidumbre se desvanecía, todo cobraba sentido. Había nacido, había vivido y estaba allí por alguna razón. Una razón que conocería en un par de décadas, todavía su existencia no estaba resuelta, pero ella tenía la seguridad de descubrirla algún día.

Oyó un golpe suave en el cristal, abrió la ventana de madera y vio un pajarito revoloteando, era amarillo, gordo, pequeño, tierno, indefenso y sonrió. En esa zona ya casi no había pájaros, los eucaliptos habían acabado con toda vida silvestre, los sembraron dizque para reforestar y fue peor. Chupan el agua, el aire, la vida. De vez en cuando se veían mirlas y se oían algunos copetones, pero este pajarito era de otro lugar.

Miró a lo lejos para ver tal vez una bandada. Pero no, el pajarito estaba solo. Solo igual que ella. Una soledad que acababa detrás de la puerta, en el patio donde todos estaban reunidos esperando el sonido de las 12 campanadas. Era una tradición. Una de tantas. Sentarse y esperar, cocinar y esperar, abrazarse y esperar, caminar y esperar. Todos juntos debían esperar las 12. Y ella seguía encerrada, quería quedarse con ese momento para siempre en su corazón.

 


 

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