Cuando Una burbuja en el limbo se publicó por primera vez, en la Editorial L´Atelier, que dirigía el recordado poeta Arturo Echeverría Loría, con todo y la profusión de notas y comentarios tan elogiosos publicados en C.R. y algunas buenas repercusiones que tuvo en el exterior, un escritor suramericano de paso por Centroamérica le dijo al editor que se preparara para una pérdida. “Esta singular novela se venderá poco; todavía le queda grande a su ambiente”, fueron sus palabras. Sin embargo, la edición se agotó con el pasar de los días.

Obra muy diferente a sus otros relatos, Una burbuja en el limbo fue quizás la más sorprendente y discutida de sus novelas, hasta que escribió muchos años después Los años pequeños días, su última obra, que se puede conectar con Una burbuja…

Su personaje central, Ignacio Ríos, cobra particular vigencia en cada nueva época de insatisfacción y rebeldía: el muchacho simbólicamente atrabiliario y chocante, angustioso y anárquico, creativo y libre, extraño en el seno de una pequeña cabecera de provincia de fines del siglo XIX, parece escapado premonitoriamente de grupos juveniles actuales como por un túnel del tiempo. Plantea un problema humano de incomprensión, de desgarradora incomunicación, que refleja mucho de nuestra sociedades contemporáneas.

Ignacio Ríos se convierte en símbolo de lo que es distinto, y no cabe en los estrechos límites de una sociedad convencional.

 

 

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