Considerada la primera novela urbana en la literatura costarricense del siglo XX, Ese que llaman pueblo refleja en su crudeza la gran sensibilidad social del escritor, quien pone luz sobre las personas invisibilizadas de la sociedad con respeto y agridulce realismo. Aunque no lo parece, es una de sus primeras obras narrativas, la escribió entre los 22 y los 24 años, en el mismo periodo de su otra novela precoz, Aguas Turbias.

Dice al respecto de Ese que llaman pueblo el catedrático Álvaro Quesada Soto: “Recurre a una novela sin protagonista individual e introduce como protagonista colectivo a ese que llaman pueblo. La novela se construye como un contrapunto de varios relatos yuxtapuestos que parten de un vértice central ‑unas fiestas cívicas en la ciudad de San José‑, pero extiende sus ramificaciones a través de otras múltiples historias y recuerdos de los personajes. Las historias se van uniendo y entrelazando, de manera aparentemente casual y aleatoria, pero la visión en conjunto permite que los encuentros casuales y los diversos destinos individuales en interacción, transmitan una imagen más amplia de coherencia y totalidad. Como en un gran fresco, las historias personales reúnen distintas regiones geográficas: el campo (las pequeñas parcelas, las grandes haciendas, los bananales, las abras), la ciudad con su vida abigarrada y heterogénea, el Valle Central y las regiones periféricas del Atlántico y el Pacífico; las historias reúnen también distintas áreas sociales: pequeños propietarios, obreros, campesinos desclasados, clases medias, estratos proletarizados, lumpen, prostitutas; reúnen asimismo diversos tiempos históricos, mediante excursiones narrativas al pasado de los personajes que enlazan distintas épocas y momentos de la historia nacional con el presente de la novela. El texto se convierte en un amplio panorama general, casi enciclopédico, de la vida del país enfocada desde la óptica de la vida popular”

 

 

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