La novela épica por excelencia, narra la gesta de los campesinos del Valle Central que rompían montaña a fuerza de brazo y sudores para fundar sus abras y cuyo denodado esfuerzo sería arrebatado por la codicia de terratenientes.

Opina Emma Gamboa: “Esta novela puede considerarse como introductoria a toda la obra realista de Fabián Dobles, no por orden cronológico, sino porque ella presenta el problema de la posesión de la tierra desde su rompimiento por los pioneros hasta su adueñamiento por los acaparadores. Aparecen los precursores corajudos que tumban troncos y colman las abras de sembrados. El principio es venturoso: la prole se aumenta con los años y todos trabajan con buena voluntad y denuedo(…) Pero un día de tantos, cuando ya el ganado pace en los potreros verdes y los frutos son abundosos, aparece la desgracia (…) el novelista entrega la solución en la generación joven personalizada en Martín Vega, bisnieto de don Espíritu Santo”.

Y escribe Álvaro Quesada: “Este texto se constituye en el primer esfuerzo por construir una novela épica ‑sin renunciar a la biografía individual ni a la simbolización del hombre en los marcos de la estructura familiar‑ en la literatura costarricense (…) Se parte de la representación diacrónica de cuatro generaciones distintas de una misma familia, cuya historia abarca diversas etapas del proceso de desposesión y proletarización del campesino costarricense. Es una estructura más abierta: el vértice se ubica al final de la historia. En la naciente conciencia de clase del último representante de la familia, se concentra la experiencia acumulada por las vivencias individuales de sus miembros en el pasado, y se integra en la búsqueda de una nueva visión del mundo y una forma de resistencia y lucha totalmente nueva. La novela termina donde una nueva historia debe comenzar: el vértice que cierra la novela es, al mismo tiempo, una apertura a otro tipo de conciencia y a otra historia, al futuro”.

 

 

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