Tomado de  semanariouniversidad.com


La inocencia perdida en El sitio de las abras

Con el montaje de El sitio de las abras culminan la celebraciones del nacimiento del ilustre escritor Fabián Dobles, en temporada hasta el 30 de setiembre en el Teatro Nacional

La idea de volver a una tierra y un modo de vida regido por la colaboración, el amor, por vivir con moderación, en armonía y paz está presente a lo largo de El Sitio de las abras de Fabián Dobles, escritor costarricense que este año cumple 100 años de haber nacido.

Con el fin de culminar con las celebraciones del centenario, su hija Aurelia Dobles y Fred Herrera, director del Teatro Nacional, convocaron a la directora Tatiana de la Ossa para la adaptación y puesta en escena de una de las novelas más emblemáticas del corpus narrativo del autor.

“Hace muchos años me había leído la novela y la compré de nuevo, me la devoré, y, entre más la leía, más me conmovía la historia y la estructura de más de 100 años de eventos de cuatro generaciones”, dijo de la Ossa en entrevista con UNIVERSIDAD.

Como una historia gigantesca calificó de la Ossa a la obra que la hizo imaginar el montaje en clave épica, basado en sucesos históricos donde la reflexión y la emoción se amalgaman.

Confiesa de la Ossa que se enamoró del personaje de Dolores Sánchez (esposa del también personaje protagónico Ñor Espíritu Santo Vega), una mujer fuerte, dulce, atenta y cariñosa, tanto como de los pequeños detalles de esas familias campesinas conquistadoras de las montañas de Turrialba, que se cruzaban y ayudaban mutuamente.

Fue así como visualizó esas historias cotidianas de sobrevivencia y solidaridad de los abreros de mediados del siglo XIX que planteó Fabián, “de esta vida sin autoridades y sin grandes edificios e industrias que me daban un mundo idílico pasado: el paraíso”, señaló.

De la Ossa partió de ese mito fundacional de la Costa Rica agraria -en una tierra virgen por no haber sido tocada por el pie humano y donde había jaguares- para cuestionarse: ¿es la pérdida del paraíso? ¿Qué nos hace perderlo ahora?, ¿qué nos hacer perder la paz social?”.

Para la directora, esas preguntas son fundamentales en el contexto de la crisis fiscal y la polarización política y social que vive nuestro país.

“Hasta aquí llegó la infancia de las abras”, escribe Fabián. Pero ¿se puede volver a ser niño?

Para de la Ossa lo importante es “mostrar la posibilidad de algo que puede ser, más que algo que fue; la posibilidad de volver a la vida comunitaria de lo que pudo haber sido si no hubiera llegado el progreso, la industrialización de la manera salvaje en la que llegó, y no hubiera llegado la civilización occidental”.

De lo contrario, estaríamos condenados a ser atarrás, seres humanos sin arraigo, perdidos en la nada por dejar de ver la tierra como un bien común y empezar a verla como parcela. “La tierra es de todos, pero parcelizamos y construimos muros y creamos las fronteras”, sentenció de la Ossa.

“¿Por qué estamos donde estamos con respecto a la crisis fiscal? Por mala administración”, sentencia de la Ossa. “¿Somos dueños de nuestro país? ¿Somos conciudadanos o somos súbditos de un sistema al cual debemos venerar? ¿Cómo resolvemos la situación de país? Si todos no tenemos un visión de bien común, no vamos a ir a ninguna parte y ya no somos un Estado, somos una identidad productora de algo más”.

Según la mirada de la directora, El sitio de las abras narra una transformación dolorosa hacia el siglo XX: la pérdida de la tierra, de la familia, de la identidad, del migrante, del crecimiento de las ciudades que no significa desarrollo, sino empobrecimiento.

“Estamos en un momento de revisar ese pasado cuando se empezaron a definir nuestras identidades culturales, cómo las vamos a ver hoy y si todavía responden a lo que estamos viviendo; o estamos ya en otra abra y necesitamos hacer otras abras, necesitamos hacer una nueva voltea y crear una nueva comunidad, e irse porque ya esto no funciona así. Rehacerse, renovarse, rearmarse”, aseveró.

De la Ossa mira con esperanza esas abras del siglo XXI, que para ella son el retorno a las raíces. “No podemos seguir con el poder vertical de corte fascista y autoritario. Este siglo nos está abriendo a la necesidad de reconocer la raíz, buscar de dónde venimos para redireccionar hacia dónde vamos”, afirmó.


“En Espíritu Santo y Martín Villalta está Fabián”

Aurelia Dobles es hija de Fabián Dobles. Por encargo de la familia descendiente del autor de Tata Mundo es la guardiana de la obra del querido y afamado escritor.

Cuenta Dobles que Tatiana de la Ossa sometió a aprobación la adaptación de El sitio de las abras para la puesta en escena: “La leímos y nos pareció excelente porque lo más importante es que la sustancia de los personajes estuviera siempre presentes. Además, tuvo el cuidado milimétrico de que todos los textos –99%– fueran de la novela”.

Por las convicciones de izquierda, a las que siempre fue fiel, Fabián Dobles fue objeto de persecución política.

Luego de la última lectura, Dobles la dejó respetuosamente libre, por la libertad artística que debe tener una directora teatral. “Tenía absoluta confianza porque tenía (de la Ossa) un corazonzote y un entusiasmo; una capacidad de trabajo y talento indiscutibles. Por eso fui a ver la obra hasta el día del estreno; quería verla en el escenario, de pie”, comentó.

Para Dobles, la adaptación y el montaje son una hazaña artística, ya que llevó al escenario una novela de cuatro generaciones de una familia a lo largo de 75 años de historia, mediante hallazgos escénicos que calificó de maravillosos.

“A mí lo que me preocupaba es que el personaje central y su mensaje profundo, humano, estuviera vivo en el escenario y eso se logra”, dijo.

Vos sos una gran estudiosa de la obra de tu papá.

–Sí, es que la he leído muchas veces. Este año ha sido el fruto de muchos años de trabajo, en el sentido de acompañar el proceso de revisión, página por página, de todos los libros de las editoriales que tienen las obras de papá, porque ese trabajo me correspondió a mí porque mis hermanas me delegaron eso y yo lo hago con todo el cariño. También para aprender, porque papá era un maestro del idioma. Ha sido una gran oportunidad sobre todo para garantizar que lo que se publica es lo que él escribió, porque si no sucederá que dentro de diez años lo que se va a leer no es lo que él escribió. El proceso del centenario se ha venido preparando a lo largo de cinco años.

A la luz de su centenario, ¿El sitio de las obras es como una retrospectiva histórica de la Costa Rica poscolonial?

–Vista a la luz contemporánea, El sitio de las abras es una gran metáfora. Tal vez, es la obra más emblemática de Fabián y por eso no es casual que culmine con las celebraciones del centenario. Es una gran metáfora de lo que nos pasa a los seres humanos, del anhelo de vivir sencillamente, en paz, en unidad con lo que necesitamos, trabajando, e irrumpe la codicia y echa a perder todo. Eso es lo que estamos viendo ahora.

Habla de eso que quisiéramos que fuera, que empezó siendo un mito fundacional de abrir la montaña y fundar ahí, echar raíces.

–De abrirse espacio en la tierra y vivir con lo que es natural, en paz y armonía.

¿Es una utopía hasta cierto punto?

–No sé si le pondría la palabra utopía, pero es lo natural y cómo te desnaturaliza cuando te irrumpe la codicia y el que quiere más de lo que necesita.

¿La novela plantea la añoranza de volver a ese regazo de la tierra porque perdimos el paraíso?

–Más bien lo que yo siento es que logra conmovernos para cuestionarnos: ¿por qué no lo logramos? ¿Por qué un ser humano como Espíritu Santo, que es como la esencia de la honestidad, del trabajo y del respeto por los demás, no lo logra? En Espíritu Santo y Martín Villalta está Fabián; en esencia es Espíritu Santo y en Villalta era el aventurero, el libre, el que está en contacto con la naturaleza sin demasiadas ataduras.


UNA PEQUEÑA HISTORIA DE FABIÁN DOBLES

Fuente: Aurelia Dobles Novelista, cuentista y poeta costarricense, miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, nació en San Antonio de Belén el 17 de enero de 1918. Vivió su infancia en Atenas, Alajuela, y más tarde estudió Derecho en la Universidad de Costa Rica.

Su obra literaria se destaca por reflejar con profunda humanidad y belleza aspectos del pueblo costarricense, especialmente el campesino. Como joven abogado participó en la fundación de la Caja Costarricense de Seguro Social y del Patronato Nacional de la Infancia.

Por sus convicciones de izquierda, a las que siempre fue fiel, fue objeto de persecución política y se desempeñó en varios oficios, desde repartidor de leche, ebanista hasta profesor de inglés y corrector de libros en las principales editoriales.

Recibió varios galardones literarios por sus obras, tanto en novela como en cuento y en poesía, y el Premio Magón en 1968. Murió en 1997.



MITO FUNDACIONAL O UTOPÍA

Extracto del capítulo IV de El sitio de las abras de Fabián Dobles

El país estaba constituido casi en su totalidad de labradores, las ciudades eran en realidad villorios y se vivía agrícolamente a lo ancho de toda la pequeña nación. Es verdad que en ciertas aldeas, por razón de viejas tradiciones de ridículos abolengos, algunas familias se tenían por aristocráticas, y en otras el hecho de poseer haciendas y dinero había ido creando el sentido de superioridad en esta o aquella casa solariega.

No obstante, en la Meseta el tono de la vida civil era rural democrático. Resultaba difícil encontrar una familia de labriegos que se tuviera en el fondo de su corazón por menos que cualquiera otra. Si bien se respetaba en grado más alto al letrado, al hombre rico o al cura, la conciencia de igualdad se hallaba bien atrincherada en los espíritus, ya que históricamente todos, los de abajo y los que solían considerarse arriba, habían por igual edificado el país desde el abandono y miseria de la colonia hasta la pálida y calmosa bonanza de entonces, que era bonanza de labriegos, artesanos y tenderos comerciantes, aldeanos hasta los tuétanos todos ellos.

Extracto del capítulo V de El sitio de las abras de Fabián Dobles

Martín Villalta en conversación con Ñor Espíritu Santo: “Fíjese usted en que lo más duro no es la montaña, sino el hombre. Aquella es indefensa. Sí, tiene sus peligros. Está el demonio de la lluvia y los mosquitos. (…) Se dejan a menudo los huesos en la tierra porque ella cobra su precio.

Pero vea usted quiénes han salido perdiendo aquí a la larga: los ríos y las montañas. Ustedes los han herido con sus hachas y sus puentes; ellos han tenido que ceder terreno a los pastizales y el ganado. Los animales salvajes han debido alejarse frente a sus escopetas y cuchillos, en tanto que ustedes tienen sus casitas bien entejadas.

La selva se ha venido pudriendo bajo las plantas de los hombres mientes los hombres ven crecer a sus hijos y a sus reses y saben venerar a sus difuntos. ¿Dónde está el peor enemigo? En ustedes mismos, los hombres; en nosotros. Uno de nosotros ha llegado a echarlo todo a perder: Ambrosio Castro”.

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