Fabián Dobles sobre su quehacer literario


 

“Y si algo yo deseo intensamente… es que en lo que vaya escribiendo quede reflejado algo de la vida de Costa Rica y algo de mi propia vida”

En “Consideraciones sobre literatura”. Brecha, año 2, n.1 (setiembre 1957), p.21.


 

 “…Mi tema ha sido prácticamente siempre, mi país y  mi gente, y al escoger, escogí no a los privilegiados y bien comidos, sino a los despreciados y ofendidos”.

En “Letter to autor”, August 25, 1977, p.3. en Michael Gerard WHITE. Costa Rican realism through two novels of Fabian Dobles: Ese que llaman pueblo and El sitio de las abras (tesis inédita). Tulane University. New Orleans. 1979. p. 39.


Un buen libro es aquel que no deja al lector intacto, sino que le lanza un reto para que algo se transforme dentro de él o en el mundo fuera de él´. Guardé este pensamiento como cuando, de niño, juntaba y guardaba un guijarro de colores extraordinarios encontrado al azar junto a algún río. Agregaría, desde  luego, que ´sin imaginación, el escribir no es arte, sino un medio educativo´. Que para escribir ´no basta el talento, sino que hace falta el buen gusto, brújula del talento´. Y que, por supuesto, los artistas genuinos no siguen escuelas: son estas las que los persiguen a ellos”.

En “Consideraciones sobre literatura”.


“El problema espinazo de una obra de ficción puede ser social, o más individual; áspero y multitudinario, o más espiritual… Empero, no se encuentra aquí lo más importante. Sigue siendo el caso de dar en un blanco que  nunca está inmóvil. Y depende, fundamentalmente, por un lado y solo uno, de la capacidad individual del escritor, claro está, que generalmente este conserva y mejora; mas, por los otros, de la cantidad de fuerza electrizante, humanizante, comunicadora entre él, tú, yo, nosotros, vosotros y ellos, que esté llegando al escritor y afinándolo e impulsándolo y vitalizándole la péñola”.

En “Consideraciones sobre literatura”.


“Un hombre o unos hombres que husmean, recogen, averiguan, palpan por los demás y con ellos, dan un poco más en el clavo y dicen su historia, su invención, su verdad, la que en último término nunca es ni puede ser solo suya y siempre será en mayor proporción ajena  y de todos, porque no existe hombre solo, sino que existimos hombres acompañados y acompasados en el presente, en el pasado y en lo futuro, y cuanto somos, con todo y lo que podamos ser y aportar individualmente, nos ha sido y sigue siendo dado en tremenda  medida por nuestra congeneridad, empezando por el idioma, con el que se polinizaron y nacieron los conceptos y las categorías mentales y también las envolturas emotivas…”

En Obras Completas, tomo III.


“Un escritor… debe dar a su vida un valor útil y de servicio a sus semejantes, espera que se encuentre en su obra, además del fin estético, conjuntamente con él, un afán consciente de ennoblecer la existencia, buscar lo justo y destacar lo positivo incluso, a veces, a través de lo negativo”.

En “Excursión por entre el cuento”. La Nación. 31 enero 1970.


“Mi formación literaria es un constante aprendizaje, se va consiguiendo a golpe de lecturas, de insistir y bucear dentro y fuera de lo que puede llamarse la Universidad de la vida. No creo en la inspiración ni en los talentos naturales. Hay que estudiar y trabajar, y eso es lo que he tratado de hacer”.

En Américas, vol. 7, n.9 (setiembre 1955), p. 45.


“Gracias a la música, desarrollé, creo, el sentido de las armonías y de las proporciones al escribir”.

En Myriam Bustos Arratia, “Un viejo pícaro de la literatura costarricense” (II). Contrapunto. San José, C.R. n.18 (16 de junio de 1979), p. 23.


“Al principio, de mozo, las hice a la buena de Dios, de oídas. Pero a estas horas, pensándolo bien y tratando de ser lo más sincero posible, sigo escribiéndolas de oídas, a la buena de Dios o de uno mismo. Es cierto que hay decálogos del cuento… Pero a la hora de la hora el cuentista, como el torero en el redondel, se encuentra solo y amparado únicamente a su olfato y a su ritmo: su intuición y su sinceridad… Porque sobre el cuento no hay nada escrito que resulte definitivo”.

En “Excursión por entre el cuento”.


“Siempre hemos pensado que allí donde exista un hombre, así sea un rudo gañán o un complicado londinense, hay una novela o un cuento en potencia. Es asunto de que otro hombre pueda o no pueda encontrarlo”.

En “Defensa y realidad de una literatura”.


“No creo que pueda existir obra de arte que  no sea auténtica, genuina, sincera. Y ¿cómo realizar concretamente en literatura una obra comunicable con elementos humanos, y elementos estéticos valiosos, si se escribe o trabaja con materia prima que el hombre no conoce?… Para ser auténtico, para ser sincero, para escribir algo que se quiere decir, no se puede poner uno a hacer literatura cosmopolita con aquel cuento de hacerlo universal. No, lo universal le nace a lo que es comunicable universalmente de sus raíces profundas, de la vida propia. No se puede escribir de la vida ajena”.

En Alberto CASTRO (dir). “Coloquios Ancora”. Supl. Áncora. La Nación, San José, CR (16 diciembre 1973).


“Todo escritor sincero y genuino que desea reflejar la realidad de su pueblo, llegará a la conclusión de que esa gente con la que vive es la que le da todo y la que en definitiva inspira y construye su obra literaria”.

En Carlos MORALES (dir). “Tertulia literaria “Café de las cuatro”.


“No obstante todo está allí, escrito en medio de la montaña con recia hombría de abuelos campesinos y de viejos tíos que mascaban tabaco para luego escupirlo, y con la ruda femineidad de sus mujeres de furibundas manos y corazón apto para lo imposible”.

En El sitio de las abras.

 


“Hay, en los relatos, interés por levantar al ser humano y, sobre todo, por no ensuciarlo, por no degradarlo”.

En Myriam Bustos Arratia, “Un viejo pícaro de la literatura costarricense” (II). Contrapunto. San José, C.R. n.18 (16 de junio de 1979), p. 23.


“El escritor no escribe para las gavetas ni para solazarse, sino para producir efecto conmovedor en la sociedad, en un sentido positivo de abrir brechas, de ennoblecer la existencia, de mejorar la sociedad”.

En “Obras Completas”.

 

 

 

 


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