En el emocionante estreno anoche de «El Sitio de las Abras», mis palabras en nombre de toda la familia Dobles Trejos:
Gracias a mi hermana Cecilia, la cumiche, topé en estos días con una cita del Tao Te King, del maestro Lao Tse. Por alguna razón la relaciono con la misión artística que se propuso mi padre, F.D que, como dice el académico Francisco Rodríguez en la introducción a sus Obras Completas Conmemorativas en la Editorial de la UCR, es “uno de los más logrados proyectos literarios del país”, y creo tiene que ver con esta cita. Dice Lao Tsé:

“Sin salir de su casa,
Uno puede conocer el mundo.
Sin mirar por la ventana,
Uno puede ver el camino del Cielo.
Cuanto más lejos se va,
Menos se sabe.
Por eso el Sabio conoce sin viajar,
Comprende sin mirar,
Realiza sin actuar».

 

Aurelia Dobles.

Este estreno hoy en el más precioso escenario nacional, culmina un gran año de celebraciones por el Centenario del nacimiento del escritor.
La emoción es tamaña, es la misma de mis hermanas, hijos, sobrinos, sobrinas nietas y sobrino nieto, y la desmenuzo en agradecimientos a esa miríada de personas que valoran la obra de Fabián Dobles.

Hoy aquí, en primer lugar a Fred Herrera, director del Teatro Nacional, por poner en movimiento voluntades desde hace dos años para llevar a escena una novela abarcadora, quizás la más emblemática de nuestro padre, con toda la complejidad que eso entraña. A la Junta Directiva del Teatro Nacional por acoger la idea generosamente.

A Tatiana de la Ossa, quien emprendió con tanto ahínco la titánica adaptación teatral de la novela y asumió con su maravillosa energía y profesionalismo, la dirección escénica de tantos personajes y tan ricos elementos.

A todo el equipo artístico y al elenco de la obra que, si bien me he mantenido a una distancia respetuosa de su libertad artística, sé cuánta entrega y amor por varios meses.

A todo el personal del Teatro Nacional que han colaborado con esmero desde sus respectivos puestos.

Al MEP, por acoger el montaje dentro de su valiosísimo programa “Érase una vez”, el cual beneficia a la infancia y juventud de todo el país ofreciéndoles la mejor cultura.

A la municipalidad de Belén, que desde el comienzo auspició con entusiasmo el proyecto, apoyando a su hijo predilecto del cantón.

Y agradezco a mi padre, por el legado de amor a su pueblo en estupendas obras literarias que ponen de relieve con respeto a las personas sencillas, creando personajes entrañables surgidos de una realidad profunda que a veces olvidamos. Su afán demuestra una vigencia inaudita hoy pues, como testimoniamos a diario, nuestra sociedad no ha logrado ser un proyecto inclusivo. Y además, por orfebre fascinado de la lengua española, eleva el alcance de su literatura. Vista con ojos contemporáneos, El Sitio de las Abras refleja en ecos el insidioso proceso de despojo que provoca la codicia; pese a nuestro origen heroico y solidario –como el de sus personajes-, lo vivimos ahora de nuevo, dejándonos arrancar lo más valioso que teníamos: la paz social. Un clásico es eso: una metáfora que no cesa de ampliar su círculo concéntrico de interpretaciones.

El Sitio de las Abras deja claro que nuestro origen no es en absoluto de campesinos pachorrudos o caricaturescos, sino de dignos sembradores de trabajo, paz y respeto, con un sentido natural de la vida: “se vive para vivir”, como manifiesta uno de sus personajes centrales.

Y para muestra de su humanidad y de la comprensión de Fabián del valor de las personas, voy a citar por último la descripción que él hace de Espíritu Santo Vega, el gran protagonista de El Sitio de las Abras, que esta noche veremos transfigurada en magia escénica:
“Mansa persona, honrado hasta los tuétanos, de inteligencia natural mejor que mediana, solía salpicar su conversación con frases de sentido común en las que muy a menudo salían a brillar los designios y las misericordias divinos. Pero era poco rezador. Se reza mejor, exclamaba de cuando en cuando, con las obras y con el corazón. Las palabras solemnes pierden su valor si las decimos con demasiada frecuencia”.

Y por eso, siguiendo a Espíritu Santo Vega, no voy a abundar en palabras, más allá de reiterar este agradecimiento hondo que es el de toda nuestra familia. Papá y mamá estarían hoy aquí humildemente conmovidos.


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