Para poder hallarte, permanente

en tu esencial sustancia verdadera,

búscate en flor del agua, hazte madera

sin mancha de palabras, transparente.

No te llames ya el nombre de la gente

con sus letras vacías, sé sincera

y hállate entre su rama volandera

y un manantial te nazca de la frente.

Que en su torrente la verdad, cautiva

del silencio de savias de la tierra,

se encuentra y te dará sangre que viva.

Y así, redescubierta en la deriva

del agua silenciosa que te encierra,

yo te querré, más firme y fugitiva.

(De Verdad del agua y del viento)

 

 

Cuando se viene la noche

Las seis de la tarde en punto

en el reloj de la sierra.

Mariana y José, de largo,

se hablan por sobre la cerca.

Murmullo de jocotal

y un celaje tras las tejas.

Por la tapia de los montes

el sol último se cuela.

En el corredor dormido

abre su luz una vela…

El martillete del céfiro

dos mil campanadas cuenta

cuando en el cielo las ocho

da el reloj de las estrellas.

Sobre la cerca de tuna

José y Mariana se besan,

El viento ladrón se roba

la llama de la candela.

Murmullo del jocotal…

La luna sobre las tejas

rodando, como una enorme

rueda blanca de carreta,

1939

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