–Arrempujáte ese trago

y endespués nos ajilamos.

–Pero, Chepe, si es… –Qué diantre,

no jodás y arrempujátelo.

–Güeno, vos tenés la culpa

si llego a casa almadiao,

o si me quedo durmiéndola

en la mitá dialgún caño.

Ya sabés cómo soy yo

cuando se me trepa el guaro,

capaz de jalarle el arire

hasta San Juan, ques mi santo.

–Metéle y dejáte de vainas

pa que sian con este cuatro.

–Güeno, salú…  Pongasiotros

quihora yo soy el que pago.

Ya salen de la taquilla

los dos hombres bien borrachos.

Ya montan los rucios viejos,

flacuchones y asoleados.

Ya el polvo café con leche

se los traga devorándolos

con sus dientes medio viento,

medio nube, paso a paso…

El polvo conn que se cubre

la cara el camino largo,

el polvo donde dibuja

la brisa signos extraños.

Dos gritos aguardentosos

se escuchan entrelazados.

En el lomo de los rucios

hace sangre un latigazo.

Ahora galopan veloces.

Ahora, de golpe, parados.

En movimiento los cuerpos,

en movimiento, ritmando.

¡Milagro que no se caigan

esos jinetes de Baco!

–Uipipía, uipa, uipaaa

lo que soy yo, no me caigo.

–Pos yo menos, unque brinque

el ruco este com´un sapo.

–Mirá qué rienda, Chepillo,

onde quiera lo encaramo

con sólo jalale un poco

las riendas pa cualquier lao.

–Y el mío, mirá ¡no joda!

palgo me costó boquialo.

–Sí, pero este es más mejor.

–Qué va hombré, ni comparalo,

pos yo a este, ni con güelto

que me dieras te lo cambio.

–¡Ah carajo, si querés

que nos peliemos, cantalo!

–No hmbré, no sias suscetible,

¡peliase por un caballo!

Allá por la cuesta larga

se han quedado los borrachos.

Los ha dominado al fin

el espíritu del guaro.

Cerca, los rucos comiendo

del zacate, caminando

por el sol y por el polvo,

por las ruecas y los cascos.

Ya se quedó Juan ¨durmiéndola`

en la mitá dialgún caño.

¡Malhaya, que va a llegar

acasa bien almadiao!

1937

image_pdfBajar PDFimage_printImprimir

Compartir publicación: